Ficha Bibliográfica: “El movimiento
teórico-práctico de mejora de la escuela. Algunas lecciones aprendidas para
transformar los centros docentes”.
Claudio
González García.
Referencia.
Murillo,
J. (2003). El movimiento teórico-práctico de mejora de la escuela. Algunas
lecciones aprendidas para transformar los centros docentes. Revista electrónica Iberoamericana sobre
calidad, eficacia y cambio en educación, 1(2), 1-22.
Síntesis
y principales conclusiones.
Durante
el último tiempo se ha venido gestando el movimiento teórico-práctico de Mejora
de la Escuela, pregonando y enfatizando el papel de la escuela en el cambio de
la educación y, como consecuencia, la transformación de la sociedad. Se concibe
que es la escuela, vista como la unidad básica, debe liderar este cambio
educativo. Cabe destacar que la preocupación de este movimiento radica más en
lo práctico que lo teórico, por lo que no se tiene un trabajo teórico fundamentado,
sino una serie de experiencias prácticas que han dado resultados óptimos y
otras que no.
Una
aclaración conceptual desarrollada en el marco del “Proyecto Internacional para
la Mejora de la Escuela”, enfatiza en el rol de la escuela como el centro de
cambio, además de concebir la mejora como un proceso y que la transformación
debe basarse en las condiciones internas de cada escuela, entre otras. Otra definición,
realizada por el mismo autor, aboga por el esfuerzo de la escuela para mejorar,
de manera simultánea, el aprendizaje de sus alumnos y fortalecer la comunidad,
considerando prácticamente las mismas condiciones para que se dé el proceso de
Mejora de la Escuela.
Posteriormente,
se realiza un recorrido histórico de este movimiento, destacándose tres fases
de desarrollo. La primer de ellas, más bien previa al movimiento, se
caracterizaba por el optimismo pedagógico y se gestó como respuesta a las
diversas reformas curriculares impulsadas durante los años 60’. El modelo que
guiaba los trabajos de esta etapa se denominó IDDA (investigación-desarrollo-difusión-adopción).
De esta etapa y su fracaso, se destaca el aprendizaje que dejó para el movimiento,
pues evidenció que el cambio no podía darse de manera óptima si se realizaba
por instancias externas y sin considerar a los profesores. Es en los años 70’, como
respuesta al modelo anterior, que surge una nueva etapa con la idea de que los
procesos de cambio deben dirigirse al centro educativo, demostrándose la
eficacia de este planteamiento sobre el rendimiento de los alumnos. Surge una nueva
perspectiva, representada por: Iniciación ßà Implantación ßà Continuación ßà Productos. Lo más
importante a destacar es que no es un proceso lineal, y las fases más
importantes son la implantación (aplicar innovaciones dentro del centro) y la
continuación (institucionalizar el cambio). Un estudio importante en esta etapa
realizado por la OCDE permitió elaborar un modelo teórico, en el que se destaca
que el cambio de la escuela debe aludir a las condiciones internas y de aprendizaje,
sin desconsiderar los factores contextuales que condicionan y modulan todo el
proceso.
La última fase se destaca por
la publicación de un trabajo del profesor Fullan, quién concibió esta etapa
como “la capacidad para el cambio”, siendo lo más importante la autonomía con
la que se dotó a las escuelas y docentes para que sean capaces de tomar sus
propias decisiones. Una serie de programas exitosos e influyentes se gestaron
en esta fase. Entre las principales conclusiones y aportes se destaca la necesidad
de que los profesores se preparen individual y colectivamente en espacios de
aprendizaje comunitario, motivando, además, la participación de la comunidad escolar.
La
preocupación del movimiento está centrada en promover un cambio práctico de las
escuelas más que teórico. A raíz de esto, es interesante el modelo teórico
desarrollado por Hopkins, el que destaca tres componentes principales para la
Mejora de la Escuela. Los “hechos” son los aspectos del proceso que no se
pueden cambiar a corto plazo. La “dimensión estratégica” refiere a la selección
fundamental y prioritaria del área que irá dirigida la mejora. Finalmente, la “capacidad
de construir”, debe focalizar las condiciones y prioridades de la escuela para
generar dicho cambio. Un elemento clave a considerar será la cultura de la
escuela, puesto que está sobre las condiciones de enseñanza y aprendizaje. En
ese sentido, un cambio cultural en tanto sea: colaborativo, con altas
expectativas en docentes y alumnos, brindando a los primeros espacios para que
ejerzan liderazgo, entre otros factores, radicará en una mejora de los
resultados de los alumnos.
Algunos
autores postulan una nueva época caracterizada por la idea de la escuela como
organización que aprende, teniendo una gran influencia sobre la cultura de la
escuela. De este modo, se ha planteado que los trabajos de la Mejora de la
Escuela y de Eficacia Escolar deberían complementarse para que ambos se
potencien, naciendo el movimiento “Mejora de la Eficacia Escolar”. Dicho
movimiento tiene como objetivo aumentar el desarrollo de los alumnos de las
escuelas “mediante la optimización de los procesos de enseñanza y aprendizaje y
de las estructuras organizativas del centro, y aplicar ese conocimiento a una
mejora real de la escuela” (Murillo, 2003, p. 12). De esta manera, se orienta a
los resultados finales de los alumnos, determinando y a la vez maximizando el
valor añadido que entrega la acción educativa. Para alcanzar el objetivo final,
es preciso establecer una serie de objetivos intermedios que se deben ir
alcanzado y que, finalmente, ayudarán a lograr el objetivo mayor que se
plantea.
Todas
estas etapas han dejado algunos aprendizajes que se deben considerar al momento
de programar una mejora en la escuela, sin embargo, debe entenderse antes que
todo que estos procesos no se rigen por un único camino, sino que depende de
cada escuela. Algunos factores pueden guiar hacia un proceso óptimo, tales como
la planificación de dicho proceso, que debe reevaluarse de manera constante. Se
identifican tres fases del proceso, la primera se denomina iniciación, que
busca el compromiso y motivar a la comunidad para este proceso de cambio, el
éxito de esta fase se garantiza cuando están explicitas las motivaciones de la
transformación. La segunda etapa, de desarrollo, es donde se aplica el proceso
de mejora. Finalmente, la fase de institucionalización se caracteriza por
volver habitual todo proceso de cambio. En
relación a las estrategias de mejoras, se concibe que combinar estrategias de
manera simultánea, incluyendo acciones combinadas, resultan en cambios más
satisfactorios. Por otro lado, también se describen cinco factores relevantes
para la mejora de la escuela. El cambio debe surgir desde la propia escuela,
teniendo que asumir la necesidad de esta transformación y las responsabilidades
que conlleva. Además, el cambio depende del profesorado, en ese sentido, la
transformación dependerá de la modificación de la cultura escolar, siendo un
punto bastante complejo. Otro factor es el rol de la dirección, la que debe ser
eficaz, colegiada, participativa, con liderazgo pedagógico, entre otras
características. También debe verse a la escuela como comunidad de aprendizaje
y, por último, cambiar la forma de enseñar y aprender.
Se
concluye el artículo mencionando la falta de teoría del cambio escolar, pues no
existe un trabajo que sistematice los distintos aportes de las experiencias que
ha llevado a cabo este proceso. Esto es importante, pues se ha demostrado que
sí es posible transformar la lógica de la educación mediante el cambio en las
escuelas, cambio centrado en sus culturas y contextos particulares.
Breve
comentario.
Los
aportes realizados por el proceso de Mejora de la Escuela resultan bastantes interesantes
y a la misma vez novedosos, hecho que demuestra, tal vez, la poca difusión y
aplicabilidad que ha tenido este modelo principalmente en los países de
Sudamérica, puesto que antes de la lectura de este artículo desconocía el
fenómeno en cuestión. Pese a la importancia de los aportes teóricos, que
demuestra el poco desarrollo de este trabajo, se debe aprovechar las diversas
acciones útiles y fructíferas que han demostrado distintas experiencias y que,
como concluye el documento, pone en evidencia que el cambio de la educación para
la mejora de la educación, potenciando el rendimiento y habilidades de cada
alumno de la comunidad educativa, no es una utopía, sino que es posible con
trabajo, motivación y compromiso.
Citas
textuales.
“El
cambio debe ser liderado por la propia escuela y hay que centrarse en la
cultura de la escuela para lograr cambiar la educación” (Murillo, 2003, p. 1).
“Mejora
de la Escuela es la capacidad de la escuela para incrementar, de forma simultánea,
el aprendizaje de los alumnos y el desarrollo de la comunidad escolar”
(Murillo, 2003, p. 3).
“Los
políticos que intentan cambiar las escuelas sin tener en cuenta las dinámicas
de cambio dentro de los centros y su contexto están haciendo perder el tiempo y
la energía de mucha gente” (McLaughlin, 1990, citado en Murillo, 2003, p. 5).
“La
mejora de la eficacia escolar se refiere a un cambio planificado cuyo objetivo
es incrementar los resultados educativos del alumnado, así como la capacidad de
la escuela para gestionar el cambio” (Murillo, 2003, p. 14).
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