martes, 17 de octubre de 2017

Ficha bibliográfica n°18.

Evaluación educativa para la Justicia Social.
F. Javier Murillo, Marcela Román y Reyes Hernández Castilla.
 
  1. La justicia social como utopía alcanzable.
Los autores consideran tres conceptos a la base de la justicia social: La distribución de bienes, recursos materiales y culturales, el reconocimiento y respeto social para todos sin importar sus diferencias, y la participación en las decisiones que afectan la propia vida de las personas. Estos conceptos no son independientes, se relacionan entre sí.
-Distribución.
Desde esta primera conceptualización, se aborda la justicia social entendida como justicia distributiva, en este sentido existen cuatro principios básicos de esta; el primero es que he igualitaria, ya que todos reciben una parte, el segundo,  es que esta justicia se basa en las necesidades, por lo que se distribuye todo en función de las necesidades, la tercera es que se fundamenta en el mérito, ya que los que más contribuyen más se benefician, y la justicia de acuerdo a la diferencia, entendiendo que la distribución debe hacerse para beneficiar a los que más lo necesitan.
Los autores mencionan a Amaryta Sen (1997) quien postula que lo principal para la justicia distributiva más que asegurar la distribución justa de bienes materiales, es proporcionar una repartición apropiada de herramientas individuales para que todas las personas tengan la posibilidad de hacer y ser, en ese sentido, se entiende que la educación es una necesidad básica para el desarrollo justo de los individuos.
-Reconocimiento.
La justicia se entiende como relacional o cultura. Se centra en que no debe existir dominación cultural que invisibilice las perspectivas y características de minorías de distintos tipos. El reconocimiento social de las diferencias está a la base de este paradigma. Esta justicia propone un cambio cultural y simbólico, de reconocer y valorar las diferencias.
-Participación.
Sin importar las características diferentes como el sexo, la clase social, la etnia, etc. Todos debemos tener las mismas posibilidades de acceso al poder y la participación en diferentes ámbitos públicos. Nadie debe ser sistemáticamente excluido por su origen, identidad, etc.
2. Educación desde y para la justicia social.
Los planteamientos anteriores para lograr una efectiva justicia social se fundamentan en una educación que avale y sea soporte de la realización de estos. En este sentido, se destacan principios para llevarla a cabo:
-Calidad alta y justa distribución. La educación debe tener los mismos objetivos para todos, pero debe poner el énfasis y darle más esfuerzo y recurso a quienes están mas desventajados.
-Reconocimiento e identidad. La educación debe promover el respeto de las diferencias y la valoración de estas.
-Plena participación. No solo el aprendizaje teórico es importante, es necesario generar la posibilidad de participación a todos y todas en un ambiente de libertad y convivencia.
Hay que darle un cambio de sentido a la educación, para dejar de entenderla como un bien de mercado, un servicio, y verla como un derecho ejercido en plenitud por todos los niños. Dejar de creen en una educación que genera capital humano, y asociarla al desarrollo y crecimiento personal de todas las personas, es decir, crear “la educación temprana amplíe no sólo las capacidades y habilidades cognitivas de los niños y niñas de temprana edad, sino que fortalezca y propicie el desarrollo de las dimensiones social, emocional, cívica, ética y moral de ellos, promoviendo la dignidad humana a través del respeto de los derechos y libertades fundamentales de los niños y las niñas.” ( Murillo Torrecilla, Romány  Hernández Castilla, pág. 12)
En sentido de lo anterior, es importante señalar que una educación justa requiere de eliminar la segregación, pero esto no significa mejorar la oferta educativa para los más pobres y excluidos, sino que debe basarse en la importancia de la heterogeneidad social y cultural de los estudiantes como un factor enriquecedor. La desigualdad no es un problema individual, es un problema social. Es necesario terminar con la fragmentación social, entender que la calidad refiere también al trabajo con las comunidades y los entornos y contextos del aprendizaje. No se puede seguir justificando el fracaso escolar en lo relativo al contexto de los niños.
3. Una evaluación justa para una educación justa.
Para aspirar a una educación para la justicia social es necesario tener un método de evaluación coherente con estos principios.
Uno de los primeros planteamientos es que la evaluación debe considerar que, si bien es importante asegurarse de que todos los niños aprendan, hay que comprender que no todos aprenden de la misma manera, y que todos son diversos en características a las que la evaluación debe adaptarse.
Otro de los principios considera que es necesaria una educación basada en el desarrollo integral de los niños, si bien sus saberes sobre ciencia, matemáticas, lengua, manejar de información, etc. Son importantes para que se enfrenten al mundo de hoy, es importante también que la educación cubra aspectos relacionados al desarrollo personal de los estudiantes, de sus emociones, formas de relacionarse, actitudes frente a la vida, autoconocimiento etc. Además, es importante que se entienda que más allá de educar al niño para la vida escolar, hay que educarlo para situarlo en la sociedad como un agente de cambio, que se encuentre en igualdad de derechos y se comprometa con la Justicia Social, reconociendo e interviniendo en situaciones injustas.
Para promover desarrollo de sociedades más justas, democráticas e inclusivas es necesario que las escuelas formen a los niños en comunidad y con las familias, comprendiendo que estos son agentes formadores también. Y además de esto, es necesario promover la agencia de los niños, como seres libres que participen activamente de su proceso educativo.
En función de avanzar hacia la justicia social, los métodos de evaluación deben considerar la escuela en su integridad y complejidad pedagógica, social y cultural, reconociendo que la evaluación de aprendizaje del estudiante responde también a distintos factores que lo rodean e influyen sus resultados, como las expectativas de los docentes, el material de apoyo disponible, las tecnologías, etc. los “factores que a nivel institucional, propios de los docentes y del aula, permiten o limitan el acceso al conocimiento, la apropiación de aprendizajes significativos y el desarrollo integral de sus estudiantes. “(Murillo Torrecilla, Romány  Hernández Castilla, pág. 17)
4. Evaluar la educación para la Justicia Social.
“La evaluación que se necesita ha de considerar que la educación es más que las consecuencias medidas en estándares: es, principalmente, la experiencia de aprender y ser con otros; en un proceso en el que se distribuye no solo el presente, sino también el futuro de los sujetos” (Murillo Torrecilla, Romány  Hernández Castilla, pág 17)


Comentario:
La evaluación es uno de los componentes más importantes del proceso educativo. En este sentido, es importante fijar nuestra atención en ella para lograr un cambio en la perspectiva de la educación, ya que esta es una pieza fundamental para “la construcción de sociedades más justas, participativas y democráticas.” (Murillo Torrecilla, Romány  Hernández Castilla, pag.8)
Cuando se habla de una educación justa, se habla de una educación que puede revertir los determinismos sociales relacionados al nivel socioeconómico, la raza, etc. Permitiendo romper el círculo de la pobreza y dar iguales oportunidades a todas las niñas y niños. Una educación igualitaria, con un método de evaluación justo, debe asegurar, además “formar ciudadanos íntegros, competentes, solidarios, reflexivos, capaces de ser y convivir con otros y, con las competencias necesarias para una participación social plena e igualitaria. Es decir, una educación que contribuya en la transformación social”. ( Murillo Torrecilla, Romány  Hernández Castilla, pág. 8)
En función de este tipo de educación justa, los autores plantean la importancia de comprometerse con una educación participativa, democrática, que se haga en conjunto con las comunidades, que se haga pensando también en las necesidades específicas del niño y de quienes lo rodean. Hay que entender la educación como un proceso continuo, que debiese tener como finalidad convertirnos en ciudadanos integrales, capaces de adquirir mucho más que conocimientos de curriculum.

Referencia:
Murillo Torrecilla, F. J., Román, M., & Hernández Castilla, R. (Murillo Torrecilla, Román   Hernández Castilla,2011). Evaluación educativa para la justicia social. Revista Iberoamericana de evaluación educativa.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario